Especialidades y Tratamientos / Artrosis

  • Cliente: CASO0921
  • Fecha: Agosto 2012
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La artrosis es una enfermedad degenerativa articular que afecta al cartílago hialino que recubre la superficie ósea de las llamadas articulaciones sinoviales (rodilla, cadera, articulaciones de las manos). La artrosis se produce por un desequilibrio entre los mecanismos de regeneración y degeneración de dicho cartílago. Como consecuencia de un grupo heterogéneo de factores, se produce una alteración del metabolismo del condrocito que conlleva un adelgazamiento del cartílago, asociado a cambios óseos regenerativos, que, en conjunto, determinarán las manifestaciones clínicas de la enfermedad.

El síntoma fundamental es el dolor, de inicio insidioso, profundo y mal localizado, que típicamente aumenta con el movimiento y mejora con el reposo. Conforme avanza la enfermedad, el dolor se hace continuo y puede aparecer hasta en reposo. También puede presentarse rigidez articular agravada después del reposo.

Las deformidades articulares aparecen a lo largo de la evolución de la enfermedad como consecuencia del aumento del componente óseo y capsular. A la exploración física se aprecian estas deformidades así como una limitación de la movilidad con dolor a la presión, chasquidos y crepitación de la articulación afecta. La radiología en las fases iniciales puede ser normal, aunque lo más típico es observar un estrechamiento del espacio articular asociado a esclerosis ósea y aparición de osteofitos marginales (prominencias óseas). No existen alteraciones de laboratorio específicas de la artrosis.

El manejo de la artrosis está centrado en el tratamiento de sus manifestaciones clínicas y, en menor grado, en su prevención. El objetivo deberá ser aliviar el dolor y evitar al máximo la incapacidad funcional; por otra parte debe instituirse para cada paciente de forma individual, teniendo en cuenta distintos factores en cada caso como evitar la sobrecarga articular, control de la obesidad, etc.

La fisioterapia juega un papel muy importante para mantener la fuerza muscular y la movilidad articular. Se debe planificar un programa de ejercicios para cada paciente. Los aparatos ortopédicos pueden ser útiles en determinados momentos de la evolución de la enfermedad para permitir cierto reposo articular y evitar daños mayores como desviaciones, bloqueos o caídas.

El tratamiento farmacológico incluye las infiltraciones intraarticulares con corticoides y el uso de antiinflamatorios no esteroideos los cuáles pueden ser útiles, como apoyo al tratamiento, en articulaciones superficiales. Si el dolor persiste limitando de forma considerable la actividad diaria, debe considerarse el tratamiento quirúrgico que incluye diferentes procedimientos. Primero, si es factible la osteotomía (con el fin de evitar la distribución irregular de cargas), que aliviará el dolor y limitará probablemente la progresión de la enfermedad. Si no es posible, habría que considerar la artroplastia o sustitución de la articulación por una prótesis, muy útil en la cadera y la rodilla.

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